Diciembre de 2025, Seattle
Le mandé este mensaje a unos amigos...
"Anoche se me ocurrió una idea para una app... súper simple pero se siente interesante
Abres la app y te muestra al azar 3 fotos de tu galería
Eso es todo"
Las respuestas...
"Mi iPhone y Google Fotos ya hacen algo bastante parecido"
"Interesante, pero no sé si tenga mucho valor"
"No creo que la gente la use"
Empecé a dudar de la idea.
Pero sentía que había algo ahí, así que hice un experimento.
Abrí mi galería, cerré los ojos y deslicé el dedo —desliza, desliza, desliza— hacia atrás.
Me detuve. Toqué una foto. Abrí los ojos.
Cerré los ojos y lo hice otra vez.
Cerré los ojos y lo hice otra vez.
Fue mágico.
Vi 3 fotos que me trajeron recuerdos que había olvidado.
En ese momento me di cuenta de que las opiniones no importaban.
Era una idea que había que sentir para entenderla.
Así que la construí.
Apareció una foto de mi hijo de 5 años. Era de cuando tenía 2, jugando en el arenero. Era un pequeñín.
La compartí con mi esposa.
Me respondió con un emoji de ojos llorosos.
Ese momento lo decidió todo.
La alegría de un recuerdo, compartida con alguien que lo valoraba igual que yo —eso fue especial.
Me obsesioné con hacer esto lo mejor posible. Simple. Elegante. Sin ruido. Sin distracciones.
Solo un momento de alegría cada día.
Eso es todo.
Pero lo es todo.